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El motivo por el que ostenta el nombre de la Reina de España Isabel II es precisamente porque se construyó en tiempos de su reinado, concretamente inaugurado en febrero de 1852. Los ingenieros franceses Steinacher y Bernadet se encargaron de hacerlo realidad, tomando como modelo el ya no presente puente de París llamado Carrousel.

Este puente, conocido popularmente como Puente de Triana, es mucho más que una edificación arquitectónica. Ha sido cuna de inspiración para muchos artistas de diversas artes, y nexo de unión entre el barrio más popular de la ciudad y su casco antiguo.

Sus materiales son principalmente la piedra y el hierro y es considerado el más antiguo del país de este material. También fue el primero en tenderse sobre el Guadalquivir. Otro dato curioso es que se asienta sobre los restos del viejo Castillo de San Jorge y fue pensado para sustituir el Puente de Barcas.

Como a partir del año 1901 se instaura en la ciudad el tranvía eléctrico e iba a pasar por el puente, hubo que reforzarlo. También se acondicionaron dos grandes aceras para los peatones y carriles bici, y en 1976 fue declarado Monumento Histórico Nacional con el fin de proteger su conservación.

Parte de su historia, de cómo se planeaba su construcción mediante planos y sondeos del río Guadalquivir, se pueden encontrar en el Archivo Histórico Provincial.

Este puente seguramente lo tendremos que usar más de una vez para movernos por la ciudad, para pasar de un lado al otro durante nuestra visita a Sevilla, así que no dejéis de contemplar desde la mitad del puente hacia ambos lados del Guadalquivir tanto de día como de noche. El ambiente no os dejará indiferentes.

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